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16 de junio de 2018

  • 16.6.18
Quienes a lo largo del tiempo hayan seguido esta sección de Discos y portadas lo más seguro es que hayan echado en falta algo: el comentario de discos y sus portadas editados en nuestro país. Y, ciertamente, esto es algo que siempre he tenido presente y que desearía explicar. Hay dos razones de peso: la primera está relacionada con la ausencia de libros y publicaciones en los que se aborden y se analicen las portadas de los discos. Este es un problema endémico en nuestro país: el escaso interés por el diseño, de modo general, y por el diseño gráfico en las portadas de discos es verdaderamente sorprendente.



En mi caso, tengo una bibliografía extensa en la que me apoyo para llevar adelante esta sección que tanto me gusta, y resulta que ninguno de esos libros aborda el diseño de discos publicados en nuestro país. He buscado y rebuscado por librerías, exposiciones, direcciones on-line… para poder incorporar diseñadores españoles; pero nada, pareciera que los creadores gráficos de aquí no merecen ninguna atención.

Hay alguna publicación en la que se muestran portadas de vinilos de décadas pasadas, pero sin que haya referencias a quienes las diseñaron. Por otro lado, tampoco en las grandes revistas musicales de rock se encuentran comentarios que hagan referencias a quienes realizaron las carátulas; solamente, hace una década y durante un cierto tiempo, la revista Efe Eme tuvo una sección titulada “Las mejores portadas del rock”, en la que se analizaban con cierta profundidad, pero, como siempre, eran portadas de discos extranjeros.

Seguiré insistiendo en esta búsqueda para que podamos ver qué hacen los creativos gráficos españoles. Mientras tanto, continuaré esta sección aportando mi particular visión de este mundo. Así, en esta ocasión, abordaré la diversidad de diseños que se han realizado para las portadas de discos que han visto la luz a partir del año 2000, de modo que incluiré dos portadas españolas: una de ella bastante provocadora y la segunda de gran belleza estética.



Comienzo con una de las nuevas bandas por la que siento una inclinación especial: Animal Collective. Y lo hago porque el disco que editaron en 2009, Merriweather Post Pavilion, sigue la línea vocal iniciada por los Beach Boys allá por la década de los sesenta, pero que ahora la nueva banda estadounidense adapta al caótico mundo en el que vivimos: múltiples voces se mezclan con ruidos y sonidos para crear un entramado musical acorde con un universo un tanto anárquico.

Pero antes de oírlos, lo que más llama la atención es la portada creada por el japonés Akiyosi Kitaoka, psicólogo y profesor de la Universidad Ritsumeikan de Kyoto. El diseño, completamente abstracto, se basa en un juego óptico, de modo que si miramos detenidamente el cuadro tenemos la sensación de constante movimiento de hojas verdes sobre un fondo violeta, generando una percepción inestable y cambiante.



Hay diseñadores gráficos que permanecen fieles a determinadas bandas a lo largo del tiempo. Tal como vimos en la entrega anterior, es lo que sucedió décadas atrás con Storm Thorgerson en su relación profesional con el grupo Pink Floyd. Lo mismo acontece ahora con el diseñador británico Stanley Donwood y el grupo liderado por Thom Yorke, es decir, Radiohead.

Para su sexto álbum de estudio, Hail to the Thief, el más largo de todos los grabados por la banda y aparecido en el año 2003, Stanley Donwood acude a un trabajo singular, pues la portada resulta ser una especie de mapa de carreteras en las que van apareciendo multitud de palabras, las mismas que el propio diseñador fue recopilando de los anuncios publicitarios a lo largo de las autopistas de Los Ángeles y que conducen a la costa del Pacífico.



La actual apertura a toda una amplia gama y estilos de diseños gráficos da lugar a que en ocasiones nos encontremos con algunas portadas verdaderamente atrayentes. Es lo que acontece con la que aparece en The Midsummer Station, cuarto álbum de una banda estadounidense de Minnesota que con el nombre de Owl City se dieron a conocer en el año 2008.

Para la portada de The Midsummer Station los miembros del grupo acudieron a la diseñadora gráfica de origen lituano Gediminas Pranckevicius. Esta les presentó una imagen que oscila entre el surrealismo y el hiperrealismo poético, puesto que, en la izquierda del cuadro, vemos un mar dentro de un estanque traslúcido y, en lado derecho, un acantilado en el que se superponen pequeñas y modestas casas de madera. Todo ello con una precisión pictórica y un lirismo no habitual en mundo del rock.



En el año 2009, y en la ciudad de Los Ángeles, nace la banda de rock alternativo Grouplove. Los cinco miembros que la forman se encuentran liderados por Hannah Hooper como vocalista y artista que diseña algunas de sus portadas.

Su primer álbum, de 2011, aparece dos años después de darse a conocer por el público. El disco tiene el mismo título que el de la banda, es decir, Grouplove. Para la portada, Hannah Hooper realiza un cuadro con ciertas reminiscencias del estilo pictórico del puntillismo, aunque las pinceladas son más gruesas que las realizadas por los pintores franceses de esta corriente. De este modo, puede apreciarse, en visión aérea, una playa abarrotada de gente bañándose en el agua. En la mitad del cuadro, aparece el nombre del disco y del grupo en mayúsculas, destacando las letras O como si fueran círculos negros.



No me resisto comentar, dentro de esta línea de amplitud de diseños, la portada de un grupo japonés de heavy metal llamado Sigh. En el año 2012, la banda nipona lanza su noveno disco de estudio con el título de In Somniphobia, y cuya portada está totalmente alejada de la potente estética gráfica del país nipón (no olvidemos el mundo de los mangas y animes), para acercarse a otro que oscila entre la pintura de El Bosco, de Brueghel y un cierto surrealismo macabro.

No sé qué ha pretendido el diseñador gráfico berlinés Eliran Kantor, amante de una estética de realismo gótico y satanista, con este cuadro, pues genera cierta repulsión contemplar a esa vieja dama medieval que embarazada se pasea portando un carrito de madera con siete bebés muertos, al tiempo que la gente miserable que la ve pasar le besa la mano.

Con todo, viene bien este diseño de Eliran Kantor para adentrarnos en una estética siniestra que tiene sus adictos, especialmente entre los seguidores del rock duro o del heavy metal.



La estética lúgubre, irascible, sangrienta y agresiva parece ser que ha calado en muchas bandas del nuevo milenio. Una de los que se han apuntado a ella es el grupo sudafricano de hip-hop Die Antwoord, que traducido al castellano sería algo así como ‘La respuesta’. El grupo se forma en 2008, con dos miembros masculinos y uno femenino: la vocalista Watkin Tudor Jones, que resulta ser la protagonista de la portada de su segundo álbum, TenSion, aparecido en el año 2012.

Acorde con sus planteamientos, vemos convertida a Watkin Tudor Jones en una mezcla de ángel y personaje diabólico que se alimenta de un corazón. El fondo blanquecino del cuadro, que también afecta al personaje, hace que se destaque de modo especial el rojo de los labios, la sangre que gotea del mismo, el corazón y los dedos ensangrentados. La mirada penetrante, con ojos absolutamente negros, se dirige directamente al espectador de modo impasible.



¿Qué hubiera sucedido si Yo, minoría absoluta de Extremoduro en vez de editarse en el 2002 se hubiera visto la luz por estas fechas? ¿Se hubiera llevado a los tribunales a Roberto Iniesta por aparecer como ‘Jesucristo García’, título de una de las canciones del doble álbum, considerado el mejor por seguidores y crítica?

Me temo que a Robe se le habría aplicado la actual Ley Mordaza, pues el puritanismo ha vuelto a campar por la piel de toro a manos de los reaccionarios que nos gobiernan en la actualidad, a pesar de ser una de las más imaginativas y provocativas portadas que el grupo extremeño sacó a la luz. Y también la más recordada, pues con todos los amigos con los que he hablado la tenían muy presente en la memoria.



En este año de 2018 se cumplen dos décadas de la salida al mercado del primer disco del grupo de pop-rock indie valenciano La Habitación Roja. Como homenaje a ellos, quisiera cerrar este recorrido por los nuevos diseños de portadas con una suya que me parece magnífica: la de su disco de 2016 y que lleva por título Sagrado corazón.

Es de una enorme sencillez y de gran imaginación: unos labios femeninos, pintados de rojo carmín y en posición horizontal, simulan la forma de un corazón que se destaca entre un fondo azul y el rosado de la piel. En pleno centro del cuadro y en blanco, aparecen el nombre del grupo y el título de la canción. Magnífica portada que bien merece ser un toque de atención para que a los diseñadores gráficos españoles se les tenga mayor consideración y no queden en el anonimato, tal como ahora sucede.

AURELIANO SÁINZ

DEPORTES - CASTRO DEL RÍO DIGITAL

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