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12 de enero de 2019

  • 12.1.19
No, no estoy aludiendo a esos hombres y mujeres que cuidan del ganado en el campo y que se encuentran profesionalmente en retroceso debido a las duras condiciones de su trabajo y a lo poco remunerado que está. Me refiero a otro tipo de pastor (o de pastora) que conducen a otros rebaños más dóciles, más obedientes y, en ocasiones, también más fanáticos.



Tengo que apuntar que, a pesar de sus empeños por instalarse en nuestro país desde hace décadas, lo cierto es que no han logrado el éxito que han tenido en la América Latina que habla español y portugués.

Son pastores de las distintas iglesias evangélicas que procedentes de Estados Unidos se expanden por los territorios más empobrecidos de Centroamérica y de América del Sur, predicando la teología de la prosperidad, que nada tiene que ver con la teología de la liberación, con planteamientos morales opuestos a esta última, ya que dentro de la teología de la liberación los sacerdotes y seglares, tanto católicos como protestantes, se empeñaron en divulgar un mensaje cristiano que se posicionaba prioritariamente en la defensa de los sectores más pobres de estos países, por lo que algunos de ellos, caso de Ignacio Ellacuría, pagaron con su vida ese empeño, al ser asesinado por militares salvadoreños.

En cambio, esta teología de la prosperidad hinca sus raíces en el pensamiento capitalista más duro: parte de un total individualismo, con la creencia de que la fe les proporcionará la bendición de Dios, por lo que con ella alcanzarán el bienestar físico y grandes beneficios financieros. Por otro lado, la pobreza no sería el resultado de las diferencias sociales que el capitalismo acentúa, al tiempo que la enfermedad es considerada como una maldición que se puede erradicar por la creencia incondicional en lo que le dicta el pastor y las donaciones monetarias a su iglesia.

Es la última versión de las numerosas iglesias o sectas evangélicas que nacieron en el siglo XIX en Estados Unidos, que no tienen nada que ver con las iglesias protestantes reformadas europeas que surgen en la Europa del siglo XVI, tras la ruptura que llevaron a cabo el alemán Martin Lutero, el francés Calvino o el suizo Zuinglio con la Iglesia católica y que se extendieron principalmente por los países del centro y del norte de Europa.

Pues bien, estas sectas acompañan a las políticas más reaccionarias que se extienden por gran parte del planeta, encabezadas por Donald Trump y que, ahora en Brasil, las va a continuar Jair Messias Bolsonaro, el mismo que, sin abandonar el catolicismo, se va a Israel para ser bautizado en el río Jordán como evangélico, sabiendo que en Brasil las iglesias evangélicas tienen un gran poder político y económico.

¿Y cuál es su programa? Sería prolijo explicarlo todo, por lo que me centraré en algo que es básico para el pensamiento reaccionario internacional: atacar, entre otros, los derechos conquistados por las mujeres en su camino hacia la igualdad con el hombre. ¿La forma de hacerlo? Pues, tal como algunos prelados de nuestro país dicen, acabando con la que ellos llaman “ideología de género”, es decir, arremeter contra el pensamiento que defiende las ideas de igualdad entre el hombre y la mujer, buscando que estas queden encerradas en las cuatro paredes de la casa y cuidando de la numerosa prole, que es a lo que a lo que están destinadas.

Y para ello, Bolsonaro ha creado el Ministerio de la Mujer, la Familia y los Derechos Humanos (¿¡Derechos Humanos!?), de modo que al mando de ese ministerio se encuentre una pastora evangélica: Dalmaes Alves.

La presentación de Dalmaes Alves, tras su nombramiento, no tuvo ningún desperdicio. En medio del fervor de sus incondicionales, apuntó que “¡Los niños visten de azul y las niñas de rosa!”. Toda una metáfora para decirnos lo que tiempo atrás la italiana Costanza Miriano nos soltaba en Cásate y se sumisa, dirigido a la mujer, o Cásate y da la vida por ella, destinado a los hombres.

Sobre estos dos infumables libros, en los que se explicaba que la mujer ha nacido para casarse, tener muchos hijos y obedecer al hombre, escribí varios artículos que pueden ser consultados (Nueva carta a Constanza Miriano, Algunas preguntas a Costanza Miriano y Última carta a Costanza Miriano).

Puesto que la pastora Dalmaes Alves comparte los postulados de la italiana, hay que entender que para ellas se acabó el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio destino y a sus deseos de desarrollo personal y profesional. Ahora, en Brasil y los países en los que está penetrando la extrema derecha a través de programas contra los inmigrantes, las mujeres y la diversidad sexual, se pretende someter a una parte relevante de la sociedad a los dictados del capitalismo y del patriarcado.

Y para que veamos que esto no es algo nuevo, sino que es un empeño permanente para la pervivencia de una sociedad clasista y patriarcal, de la que las sectas evangélicas forman parte muy activa, mostraré un par de dibujos de niñas que pertenecen a este tipo de familia y en las que eso del “creced y multiplicaos” está tomado al pie de la letra en un mundo superpoblado y con unos índices de pobreza altísimos.



El dibujo que acabamos de ver lo realizó una niña de 7 años varios cursos atrás. Según información de la profesora de la clase, sus padres pertenecían a una secta evangélica, cuestión conocida por el profesorado, dado que otros de sus hermanos estaban escolarizados en el mismo centro. Como puede apreciarse, en el momento de realizar el dibujo, sus padres tenían 5 hijos y 3 hijas, cifra que es posible que se haya ampliado puesto que en sus relaciones no utilizaban ningún anticonceptivo, ya que, según ellos, tener muchos hijos era una bendición divina.



Si el dibujo anterior nos podía llamar la atención por el modelo de familia que promueven algunas sectas evangélicas, este segundo es bastante sorprendente. Lo realizó una niña de 8 años, también de familia evangélica, que se encontraba en tercer curso de Primaria. En el mismo, comprobamos que una gran madre incorpora, dentro de sí, nada menos que 9 hijos. Al preguntarle a la autora por el significado del dibujo, nos indicó que eran los hijos que tenía su mamá y que estaba muy contenta por tener tantos. (Debo indicar que para mantener la privacidad de los niños y niñas que aparecen en el dibujo, sus nombres están borrados.)

Resulta curioso porque el rostro femenino de esa supermadre dibujada por la niña se parece una enormidad al de la pastora Dalmaes Alves. Espero que no sea un vaticinio de lo que les espera a las mujeres de Brasil, puesto que, a pesar de contar con un enorme territorio, en el que se encuentra la Amazonia que quieren expoliar, tiene una población de más de 200 millones de personas, muchas de ellas en un grado de extrema pobreza.

AURELIANO SÁINZ

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