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11 de mayo de 2019

  • 11.5.19
Años después de que en España se aprobara la ley que reconocía los matrimonios homosexuales, escribí un artículo, a partir de dibujos de los escolares, sobre esta nueva realidad que implicaba un avance en las libertades de las personas para crear familias de acuerdo con sus identidades sexuales.



Recordemos que en España se refrendó la ley en el año 2005, siendo el tercer país del mundo, tras Holanda y Bélgica, en reconocer el matrimonio entre dos personas del mismo sexo. En la actualidad son 26 estados en los que está reconocido el matrimonio homosexual: en Europa (Alemania, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Holanda, Irlanda, Islandia, Luxemburgo, Malta, Noruega, Portugal y Reino Unido); en América del Norte (Canadá, Estados Unidos y Méjico); en América del Sur (Argentina, Brasil, Colombia y Uruguay); en África (Sudáfrica) y en el Pacífico (Australia y Nueva Zelanda).

Como podemos comprobar, esta aprobación se extiende por numerosos países desarrollados. En la actualidad es un hecho ampliamente aceptado por gran parte de las poblaciones en las que se ha reconocido legalmente; no obstante, los avances de los sectores más reaccionarios en distintas naciones, cuyas caras más conocidas son Donald Trump en Estados Unidos, Jair Bolsonaro en Brasil, Matteo Salvini en Italia o Viktor Orbán en Hungría, no dejan de atacar los derechos de los homosexuales (aunque en Hungría no está aprobado el matrimonio igualitario).

No hace mucho, en nuestro país el problema de la homofobia llegó de pleno a la Conferencia Episcopal Española cuando salió en defensa de los cursos que bajo el patrocinio del obispo de Alcalá de Henares, monseñor Juan Antonio Reig Pla, se pretendía con ellos “curar la homosexualidad”; aunque, tras las denuncias de algunos medios de comunicación, se intentó detener el conflicto generado diciendo que lo que se buscaba era una “sanación espiritual”, lo que no deja de ser un eufemismo tras el que se oculta ese problema de homofobia que existe en sectores de la jerarquía eclesiástica española.

No quiero extenderme en este caso, dado que es algo reciente y todavía no se ha cerrado del todo el proceso de investigación. Lo que pretendo en este artículo es abordar el estudio de las familias homoparentales desde la mirada de los niños y niñas que pertenecen a ellas.

De todos modos, quisiera apuntar que en un macroestudio realizado en 40 países por Pew Research Center, en 2013, constataba que España encabezaba la lista de ser el país más tolerante con la homosexualidad, ya que solo un 6 por ciento de los españoles encuestados la consideraba inmoral. Detrás de España, se encontraba Alemania con un 8 por ciento, Francia con un 14 por ciento... hasta llegar al país más intolerante que era Ghana con un 98 por ciento.

Por otro lado, hemos de tener en cuenta que el reconocimiento del matrimonio homosexual implicaba el derecho a la adopción, tal como está establecido para las familias heterosexuales. Y, claro, los de reproducción asistida, de manera similar a como los estuvieran reconocidos en las leyes de cada país que habían aprobado los matrimonios y las familias homoparentales.

Desde la aprobación de esta ley, miles de parejas masculinas y femeninas se han acogido a la nueva legislación, de modo que se han configurado nuevas formas de familias, dentro de la diversidad existente en la actualidad, puesto que, por ejemplo, también están reconocidos los derechos de una mujer o de un hombre solteros a la adopción, con lo que podrían formar lo que entendemos como familias monoparentales de adopción.

Así pues, las familias homoparentales son ya una realidad que hay que aceptar y respetar, de manera que los hijos o hijas que tuvieran deben ser acogidos e integrados en la sociedad y la comunidad en las que vivan de modo similar al resto de los niños y niñas.

Puesto que es un fenómeno reciente, no son numerosas las investigaciones de esta modalidad familiar por las dificultades que suponen entrar en el ámbito de la privacidad, hecho que no todo el mundo está dispuesto a permitir, pues es fácil caer en el sensacionalismo, tan habitual en muchos medios de comunicación.

De todos modos, hay preguntas que es posible hacerse ante esta nueva realidad, y lo más habitual es que sin saber lo que verdaderamente sucede en esas familias se responda con los prejuicios establecidos. Por ejemplo, interrogantes del tipo: ¿cómo viven esos niños o niñas en el seno de las familias homoparentales? ¿Desarrollan una vida similar al resto de los otros niños? ¿Sufren algún trauma, tal como preconizan los sectores más conservadores de la sociedad o, por el contrario, pueden ser también felices?

Por mi parte, y por las investigaciones que llevo a cabo en el mundo escolar a través de los dibujos, puedo avanzar ciertas respuestas, ya que he recogido algunas representaciones gráficas de niños y niñas que viven en familias homoparentales y en las que nos muestran su desarrollo afectivo y emocional.

Para que conozcamos de manera palpable esta nueva realidad, presento tres casos: el de la portada del artículo, referido a una familia homoparental masculina y los otros dos de familias homoparentales femeninas. Lógicamente, para preservar la intimidad, no indico los nombres de los miembros ni los centros en los que se encuentran los escolares que realizaron los dibujos.

Comienzo, pues, con el dibujo de la portada que corresponde a una niña de 8 años. La propia autora nos lo entregó con toda naturalidad en la clase una vez terminado el trabajo, puesto que en el colegio saben que tiene dos padres, tal como ella misma lo indica en la escena que ha creado, siendo tratada del mismo modo que el resto de sus compañeros y compañeras de clase, por lo que se siente a gusto en el centro al que asiste.

Desde el punto de vista gráfico, comprobamos que comienza el dibujo desde la izquierda de la lámina por sus padres, hecho que manifiesta al escribir “1. Papa” y “2. Papa”. En tercer lugar, se dibuja a sí misma, con trazo seguro y claro. Por el análisis del conjunto, podemos deducir que la autora se encuentra feliz y emocionalmente bien integrada en su familia.



Puesto que los matrimonios entre hombres o mujeres son relativamente recientes, los hijos o hijas de familias homoparentales no suelen ser mayores. Así, este segundo dibujo que presento pertenece a una niña de solo 4 años. Al finalizar la clase, en la que se les indicó que realizaran un dibujo de la familia, me estregó este trabajo.

En él, aparecen numeradas sus dos madres con sus nombres, y que, para mantener la privacidad, los he borrado. En tercer lugar, se encuentra la propia autora. Finalmente, su futura hermana, de raza negra, ya que sus madres están gestionando su adopción, por lo que la niña solo la conoce por fotografías.

Como puede apreciarse, las cuatro figuras se muestran alegres. La pequeña autora las ha trazado con las mismas formas, las mismas flores en sus vestidos y los mismos colores, lo que es indicio de la identificación que siente con su familia. Si observamos, la única diferencia que establece la lleva a cabo en el rostro de su futura hermana, ya que, como he indicado, sabe que es de raza negra; sin embargo, la integra como una más, incluso antes de conocerla directamente.



El tercer dibujo lo realizó una niña de 5 años. En este caso, la pequeña numeró cada una de las figuras que iba trazando, tal como se les sugirió en clase, al tiempo que escribía por encima de ellas cuál era dentro de la familia. Siendo hija única, acude a incorporar también a su abuela, ya que la considera parte de la familia por el cariño que la tiene.

De modo similar al dibujo anterior, la niña establece una identificación entre las cuatro a través de un trazado similar en el color del pelo y la vestimenta que llevan las cuatro. Como detalle, aunque de manera involuntaria, puesto que no es consciente del significado de la escena que realiza, nos hace ver que es dichosa tanto por la sonrisa que dibuja, como por el color alegre que incorpora y, especialmente, por el hecho de que se encuentren cogidas de las manos.

* * *

Con este segundo artículo acerca de las familias homoparentales es posible comprobar que las niñas autoras de estos dibujos se sienten dichosas, ya que sus padres o sus madres les muestran el cariño y la protección necesarios para sus desarrollos, sino también por la buena acogida que habían recibido en sus colegios, puesto que sus profesoras conocían sus realidades familiares y las trataban con el mismo cariño y respeto que al resto de los escolares que tenían en sus aulas. El problema, en todo caso, podría provenir del exterior, pero esto es una cuestión de avance de la sociedad en la tolerancia y el respeto hacia las diferencias.

AURELIANO SÁINZ

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