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3 de diciembre de 2018

  • 3.12.18
Licenciado en Derecho, Juan Francisco Ferrándiz es autor de las novelas Las horas oscuras y La llama de la sabiduría. En La tierra maldita retrata la Barcelona del siglo IX. Entonces, la ciudad se encontraba en los confines más lejanos del Sacro Imperio. Gobernada por los francos desde la distancia, el municipio, de apenas mil quinientos habitantes, se había convertido en una tierra abandonada, asolada por intentos de conquista de los sarracenos y sometida a la tiranía de nobles corruptos que explotaban a sus habitantes. Ferrándiz es contundente: “Con el aislamiento del siglo IX surge la identidad de Cataluña que hoy conocemos”.



—'La tierra maldita' recrea en un ambiente épico la Barcelona medieval del siglo IX a punto de desaparecer.

—Es una ciudad que no se ha visto apenas a nivel literario. Es totalmente novedoso y original, que es lo que está llamando la atención.

—¿Cómo era aquella Barcelona que se encontraba en los confines más lejanos del Sacro Imperio?

—Aquella era una ciudad aislada en medio de un paraje desolado. Una ciudad de apenas mil habitantes, delante justo de la frontera con Al-Ándalus, que estaba en el río Llobregat.

—Este libro surge cuando buscabas una tierra de leyenda, un ‘Avalon’, y lo encontraste en la región de Gotia, una provincia visigoda situada al sur de Francia.

—Así es. La provincia de Gotia se extendió por Carlomagno más allá de los Pirineos y consiguieron llegar hasta Llobregat. Hoy en día es esa zona llamada la Cataluña vieja y es tierra de brujas. Ya entonces era una tierra llena de leyendas y de bosques tupidos, de brumas. Y eso tenía un ambiente legendario que yo buscaba para esta novela.

—Como decías, allí encontraste una ciudad de mil habitantes, totalmente rural, aislada frente al enemigo que era Al-Ándalus.

—Claro. Al-Ándalus había perdido hacía 60 años ese territorio y aspiraba a recuperarlo, impidiendo que se instalaran allí colonos y, por supuesto, impidiendo que esa ciudad pudiera medrar. ¿Cómo? Pues cada seis, siete, ocho años, entraban razias y arrasaban con todo lo que podían. Barcelona resistía solo por sus murallas romanas. Si no hubiera sido por esas murallas, probablemente hoy en día no existiría.

—A partir de este escenario literario e histórico surgen familias, linajes, luchas de poder, que en nada envidiarían a ‘Juego de tronos’.

—Yo tengo la sensación de que autores como George R. R. Martin o Tolkien se hubieran inspirado o hubieran buscado en sus fuentes de inspiración esa época. Esa complejidad de política, revueltas, conspiraciones, traiciones, familias enfermas de ambición, tan sorprendentes, estaban en esa época.

—Este aislamiento total de la ciudad era consecuencia de ser considerada como una tierra peligrosa y despoblada.

—Claro. La marca hispánica era una tierra de frontera, estaba apenas poblada, no había mina, no había apenas cultivo. Por tanto, no había nada que sacar a nivel de impuestos. Encima era peligrosa porque subían los sarracenos y arrasaban. Entonces, el rey de Francia lo tenía ahí como el último reducto. Y por otra parte, en la línea con los sarracenos estaba la frontera y ahí se quedó una zona aislada. Y es la tierra maldita.

—A esta tierra maldita llega el joven obispo Frodoí, que caerá rendido a los encantos de la noble Goda, que ama la ciudad por encima de todo.

—La novela es un tapiz de muchas historias, historias personales y vitales. Y van todas con un eje central que el obispo Frodoí, que llega allí y que a partir de su llegada cambia todo. Ese obispo es una figura histórica de Barcelona. Yo he tratado de que fuera muy potente, porque en una tierra donde se vivía al límite, las historias tienen que ser así. Esa Goda de Barcelona concentra el espíritu godo. Allí los habitantes eran godos, igual que en el resto de Hispania, y de familias muy antiguas, por concentrar un poco esa esencia ancestral en una sola mujer.

—Tu novela está ambientada en un territorio que hoy es actualidad. ¿Tu novela nos puede ayudar a entender todo lo que hoy ocurre?

—Los problemas del siglo IX no tienen nada que ver con los del siglo XXI. Entonces quería sobrevivir y ahora los problemas de Cataluña son otros. Pero sí que es cierto que esta novela puede ayudar a comprender el origen de una identidad. En esa época surge el origen de esa identidad, precisamente por el aislamiento al que se vieron sometidos, esa marca hispánica, pasarán las generaciones, y ni me quieren los franceses ni puedo ya estrechar mis vínculos familiares son el sur, con Toledo.

—En aquellos momentos se produjo también un conflicto religioso que ayudaría a crear un cierto espíritu y una cierta identidad.

—Estamos en una iglesia muy primitiva. Encima, se produce un conflicto porque allí se practicaba el rito mozárabe, que aún existe como reliquia en Toledo, y llegan los franceses con el ritual romano. Carlomagno estaba investido del poder sacro que le había impuesto el Papa y ahí se produce un choque cultural entre los nobles, los francos y los godos que habitaban allí. Ese choque cultural también genera conflicto. Y todo eso también sale en mi novela.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍA: ELISA ARROYO

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