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27 de junio de 2020

  • 27.6.20
En nuestro país siempre se dice que "quien no tiene padrino no se bautiza". Y es una triste realidad. Las puertas están cerradas sin que nadie te ofrezca la posibilidad de mostrarte, de enseñar tus capacidades y tus ganas de trabajar.



Después de que mi padre cayera en desgracia, no tengo puertas a las que llamar. Así que aquí estoy, sola ante el peligro: el peligro de la exclusión social. Quizás debería haber dedicado más tiempo a trabajos importantes y menos a esos que no aparecen en la vida laboral, pero he hecho lo que he podido. Solo aparecen los años trabajados en la biblioteca privada del amigo de mi padre.

Tengo dos opciones: tirarme al suelo, llorar y esperar a que algo me caiga del cielo o coger una libreta y un bolígrafo y hacer una de esas listas que tanto me gustan con lo que sé hacer.

De todas formas, puedo respirar un poco mejor porque mi prima me buscado a una pareja para poder alquilar mi piso. Los dos trabajan y espero que ese dinero me permita cubrir mis gastos básicos: alquiler, luz, agua, internet... Si sobra algo para la comida, genial, pero he de moverme rápido y encontrar un trabajo que me permita si no vivir, sí al menos sobrevivir.

He estado pensando que estaría bien trabajar desde casa, con un ordenador, sin atascos y sin prisas. Me he puesto en contacto con una amiga del internado francés, que ahora tiene una pequeña empresa de traducción y me he ofrecido con mis cuatro idiomas y mi capacidad para redactar.

Ella aún se acuerda de mis relatos y cuentos. Sería genial poder traducir sobre todo obras literarias de otros países, ser una pequeña Borges. Aunque en este momento me conformo con que me paguen por llevar a mi idioma cualquier artículo o contrato. Tengo que tener los pies en la tierra.

Me ha contestado que no tiene mucho trabajo, pero que cuenta conmigo, que me irá dando pequeños encargos y ya veremos... Espero que ella sea mi madrina, mi hada madrina en este mundo laboral tan feroz. Y ahora me voy a darle clase de Análisis Sintáctico a mi vecinita Julia. Ella distingue el sujeto y el predicado y yo puedo comprar comida.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ


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