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El grupo Experiencia Agroalimentaria se adentra en la vendimia ecológica de Bodegas Robles

Una cuadrilla formada por once integrantes del grupo Experiencia Agroalimentaria participó ayer en la vendimia de la variedad verdejo cultivada junto a las instalaciones de Bodegas Robles, entre Montilla y Aguilar de la Frontera, para conocer sobre el terreno el trabajo que sostiene la producción vitivinícola ecológica y estrechar el vínculo entre la ciudadanía, el campo y los alimentos ligados a la cultura de la tierra.


La cita comenzó a las 7.30 de la mañana, cuando los participantes llegaron a las instalaciones de la firma montillana dispuestos a observar la vendimia desde una perspectiva poco habitual. No acudieron como simples visitantes. Tijeras en mano y bajo la dirección de Francisco Robles, gerente de Bodegas Robles y anfitrión de la actividad, se adentraron entre las cepas en espaldera para trabajar como una cuadrilla más.

En una mañana marcada todavía por la resaca del eclipse, que durante unas horas había concentrado la atención de buena parte de la sociedad, los improvisados vendimiadores buscaron los racimos entre los pámpanos, cortaron la uva y fueron depositando el fruto cuidadosamente en las cajas. La experiencia permitió acercarse de manera directa a una de las labores esenciales del ciclo del vino, allí donde la tierra, el clima y el conocimiento acumulado se encuentran con el esfuerzo físico.

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La cuadrilla estuvo integrada por Antonio Adame, Francisco Casero, Carmen Correa, José Esquinas, Lina Osuna, Antonio Pintor, Valle López, Francisco Moreno, Salvador Torres y Magdalena Romero. Hombres y mujeres de distintas profesiones, edades, ámbitos económicos y contextos culturales que mantienen, desde sus respectivas ocupaciones, un compromiso con el medio rural y con la defensa de la producción ecológica.

El grupo Experiencia Agroalimentaria, impulsado a través de la Fundación Savia, reúne precisamente a personas con trayectorias muy diferentes alrededor de dos cultivos estrechamente unidos al territorio: la vid, mediante las actividades desarrolladas en Bodegas Robles, y el olivar, a través de Luque Ecológico. Esa diversidad convierte cada encuentro en una oportunidad para compartir conocimientos, inquietudes y formas distintas de contemplar la agricultura.

Francisco Robles señaló que “la jornada tenía un objetivo sencillo pero importante: conocer haciendo”. En efecto, la actividad pretendía que los asistentes comprendieran el valor de la vendimia a partir de la experiencia personal, sintiendo el peso de las horas de trabajo y siguiendo con sus propias manos el recorrido de cada racimo desde la cepa.

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“Después de pasar unas horas vendimiando, una botella de vino se mira de otra manera”, afirmó el gerente de Bodegas Robles, quien recordó que “detrás de ella hay tierra, clima, conocimiento y mucho trabajo”, una suma de factores que comienza en el viñedo mucho antes de que el vino llegue a la mesa.

“Hay que agacharse, buscar el racimo entre las hojas, cortarlo y llenar las cajas para comprender mejor el valor de aquello que después llega a nuestra copa”, manifestó el anfitrión. El gesto repetido de inclinarse hacia la cepa, localizar la uva y depositarla cuidadosamente en las cajas permitió a los participantes aproximarse al esfuerzo cotidiano que exige la vendimia.

La recolección tuvo lugar en un viñedo de verdejo cultivado mediante la técnica de cubierta vegetal. El responsable de Bodegas Robles insistió en el papel que desempeña la cubierta vegetal de sus viñedos para aportar una "cualidad diferenciada" a los vinos, además de suponer la "primera línea de defensa contra el cambio climático". No en vano, la mayoría de vides en España son de secano y, por ello, la pérdida de suelo y de carbono orgánico representan uno de los mayores problemas medioambientales.

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De este modo, en el viñedo familiar de Bodegas Robles se ha desarrollado una cubierta vegetal de especies silvestres autóctonas de raíz corta y fijadoras de nitrógeno, como las trebolinas, las amapolas o las leguminosas. Una referencia familiar de innovación, calidad y sostenibilidad que representa el 40 por ciento de las hectáreas de viñedo ecológico con las que cuenta la provincia de Córdoba.

La iniciativa aunó así el propósito de Bodegas Robles y de la Fundación Savia de acercar a la ciudadanía a las tareas agrícolas y dar a conocer el valor que poseen la tradición y la sostenibilidad dentro de la producción vitivinícola ecológica.

Una vez finalizado el trabajo entre las cepas, el grupo siguió el mismo camino que recorre la uva. Los participantes visitaron el lagar de molturación y las diferentes dependencias de la bodega para aproximarse al proceso que comienza justo donde ellos habían estado trabajando durante las primeras horas de la mañana.

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El recorrido culminó en la sala de botas, donde se conservan madres de hasta cincuenta años. De este modo, la experiencia enlazó la vendimia recién realizada con el conocimiento atesorado durante décadas, mostrando la continuidad de una elaboración en la que conviven las tareas del presente y la herencia recibida.

Y es que Bodegas Robles, santo y seña de la producción ecológica en Andalucía y referente de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla-Moriles, elabora vinos desde 1927. A principios de 2000, la firma montillana decidió incorporarse a la viticultura ecológica y al trabajo con levaduras autóctonas, hasta llegar al actual cambio de paradigma enfocado en la sostenibilidad social, económica y medioambiental y en los compromisos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Por otro lado, la jornada permitió analizar algunos cambios observados en el campo durante los últimos años. Entre los datos compartidos destacó el adelanto de la vendimia en aproximadamente un mes y la reducción del tiempo que necesita la uva para secarse en la pasera: actualmente completa ese proceso en tres días, frente a los ocho que eran habituales. Estas variaciones fueron abordadas durante el encuentro al tratar la influencia del cambio climático sobre los tiempos agrícolas.

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Como ocurre en muchas jornadas de campo, la actividad terminó alrededor de una mesa. El desayuno compartido abrió un espacio para conversar, debatir, intercambiar experiencias y poner en común diferentes puntos de vista después del trabajo realizado en el viñedo y de la visita a las instalaciones.

“Experiencia Agroalimentaria es también eso: aprender unos de otros, encontrarnos y mantener vivo el vínculo entre las personas, el campo y los alimentos que forman parte de nuestra cultura”, señaló Francisco Robles justo antes de la despedida, que llegó con el regreso de los participantes a sus respectivos lugares de origen y con el deseo de volver a encontrarse en nuevas actividades, después de una mañana marcada a partes iguales por el aprendizaje y la amistad.

JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: BODEGAS ROBLES

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